El lobo gris mexicano es una variante del Canis lupus que originalmente habitó regiones del suroeste de los Estados Unidos y México. Actualmente se trata de una especie declarada en peligro de extinción, debido a que la expansión de la industria ganadera en el siglo XIX provocó una considerable reducción de su hábitat y sus presas nativas, obligando a estos depredadores a alimentarse del ganado local para sobrevivir. En consecuencia, particulares, gobiernos estatales y autoridades federales estadounidenses emprendieron campañas de exterminio contra los lobos, que incluyeron el uso de armas de fuego, trampas y veneno.
No fue hasta 1976 que el lobo mexicano fue declarado como una especie en peligro de extinción, por lo que en 1982 el gobierno estadounidense aprobó un programa de recuperación llamado Mexican Wolf Recovery Plan (Plan de Recuperación del Lobo Mexicano), que consistió en capturar a los pocos ejemplares supervivientes para su cría en cautiverio y su posterior reinserción a la vida silvestre.
Sin embargo, el pasado 4 de septiembre del presente año, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, emitió la orden ejecutiva 14425, en la que establece que Doug Burgum, Secretario del Interior, tiene 90 días para determinar si el lobo gris y el lobo mexicano han cumplido los criterios de recuperación necesarios para ser retirados de la lista o reclasificados a una categoría de menor protección conforme a la Ley de Especies en Peligro de Extinción, argumentando que es una medida necesaria para facilitar a los ganaderos la respuesta ante la depredación de ganado.
Si el secretario del Interior efectivamente determina que se cumplen los criterios de recuperación, la orden instruye a funcionarios federales a exhortar a los estados a retirar a los lobos de sus propias listas de especies protegidas y con ello revisar sus normas sobre la eliminación letal de estos animales. Además, ordena al Departamento del Interior considerar cambios en los criterios federales para autorizar la eliminación de lobos en situaciones que involucren amenazas al ganado o a la seguridad humana.
La propuesta de Trump encendió las alarmas de ambientalistas, científicos y grupos de conservación. La organización Humane World for Animals destacó que, según datos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, menos del 1% del ganado es asesinado por animales salvajes, incluidos los lobos, y añadió que “los lobos grises son esenciales para el ecosistema, y que las decisiones respecto a su supervivencia deben estar basadas en la ciencia y no en favores políticos”
Por su parte, Ben Greuel, responsable de la campaña de vida silvestre del Sierra Club, condenó las acciones de Trump, señalando que se trata de un intento de apaciguar a los ganaderos tras el incremento temporal de las importaciones de carne de res con arancel reducido. Greuel también afirmó que la organización continuará la lucha por la protección de esta especie en peligro de extinción.
La orden ejecutiva de Trump abre un nuevo capítulo en la disputa por el futuro del lobo mexicano. Aunque su protección federal aún no ha sido retirada, la posibilidad de reducirla plantea interrogantes sobre el equilibrio entre la actividad ganadera, el recurso político de la carne y la conservación de una especie que estuvo al borde de la extinción y cuyo futuro es aún incierto.
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